Casi héroes

Mes: julio, 2015

Instrucciones para salvar el mundo

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“Ponte el sombrero dorado, si eso ha de conmoverla; si eres capaz de saltar muy alto, hazlo también por ella, hasta que exclame: ¡Enamorado saltarín, enamorado del sombrero de oro, tendrás que ser mío!”

Epígrafe de El gran Gatsby, F. Scott Fitzgerald

Cómprate una caja de preservativos marca blanca y unos calcetines grises de algodón francés que te lleguen por lo menos a la altura de las pantorrillas. Una camisa de lino de color dudoso abierta en el penúltimo botón como en un gesto suicida y unos vaqueros remangados que dejen ver los calcetines y cuya tela barata se abra accidentalmente sobre la circunferencia deforme y triste de tu rodilla izquierda. Unas zapatillas All Star falsificadas de botín con los cordones sucios y unos calzoncillos a tu elección (importante decisión de esas que todo lo cambian): bien unos bóxer holgados que dejen que se mezan tus pelotas a la gracia de los vientos del verano sin la menor opresión o bien unos slip ajustados de dos tallas menos que compensen la congoja con un estampado en la parte delantera del símbolo de Batman.

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Fotograma de la película alemana Oh Boy, de Jan Ole Gerster

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¿Fuma usted?

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“La verdadera esencia del romanticismo es la incertidumbre”.

La importancia de ser formal, Oscar Wilde.

Ayer volví a llamar a la línea aérea con la que viajo de vuelta a Madrid. Intenté convencer a la muchacha que me atendió de que me ayudase trampeando a encontrar un hueco en la tarifa más barata para poder adelantar mi vuelo unas 72 horas. Por nada en especial, andaba un par de días más por Brasil encantado, pero hay unos ojos azules que quiero ver y marchan el día que yo llego. Eso es, volver por puro romance, la misma razón por la que Bonnie & Clyde mataban a tiros a cualquiera que se interpusiese en su camino (Y además tan jóvenes). Yo, sin embargo, no pienso matar a nadie a tiros por lo menos hasta que cumpla los 67 años. Aún es temprano. Y en eso no quiero precipitarme como me precipité cambiando de fecha mi vuelo de vuelta, asunto que se me escurre ahora entre las manos sin que pueda remediarlo. Y así van las cosas. ¿Por qué?  Pues por precipitarnos. Como el siglo XX, que en plena adolescencia con tres pelos en los huevos, aún virgen y llevando un primer cigarrillo entre los labios, ya se marchaba a la guerra bajo las sombras del verano.

Lo mismo creo que haré con el trabajo. Es mejor tomarse las cosas con calma. Con mis padres, para empezar, ya he apalabrado la paga semanal hasta que cumpla 45 años (se negaron a una vitalicia). Así tendré tiempo de reflexionar bien sobre mi futuro. Porque las cosas que hago rápido y con prisas siempre terminan torciéndose. Como una vez que leí en Twitter que el suplemento de moda de El País buscaba becarios y mandé mi curriculum antes de tres pestañeos. Cuando llegué a la entrevista, vestido con una americana sobre una camiseta de Jimi Hendrix fluorescente y unos vaqueros remangados (así no había fallo), vi como pasábamos de largo la redacción y aun así me froté las manos murmurando: “¿Y a escribir cuándo empezamos?”. Entonces me preguntaron por qué estaba interesado en gestionar los préstamos de ropa para las sesiones fotográficas y yo torcí la sonrisa y canté aquello de Quique González: “He venido a beber y a escribir…”. Salí del edificio cabizbajo maldiciendo y repitiéndome no volver jamás a una entrevista con los pantalones remangados.

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