Casi héroes

Mes: agosto, 2015

El bigote

“Devino entonces en una costumbre esto de leer en voz alta –en voz baja- cada noche, antes de follar”.

Bonsái, Alejandro Zambra

Esta tarde paseaba por casa en calzoncillos, pensativo, balanceando en mi mano derecha la maquinilla de cortar el pelo echando un ojo desafiante de tanto en cuando hacia el espejo. Llevaba sin quitarme la barba por lo menos año y medio, de ahí tal desconsuelo. Temerario, me he lanzado a reiniciarme empezando por las patillas sin titubeos, y todo parecía ir sobre ruedas. ¿Qué podía salir mal? Sin embargo, cuando he terminado, he mirado mi reflejo con sospecha y me he percatado de algo importante. Me había dejado bigote. El bigote. Un bigote colocado sobre mi labio superior así sin previo aviso. Empiezas el día tan normal y lo terminas llevando bigote, tan impredecible es la vida supongo. Y no vayan a pensar que es un bigote estrecho y de puntas finas que me otorga un aire de pintor francés, ni mucho menos; es largo y grueso, como el de un mariachi mejicano que maldiciendo rompe su instrumento en la cabeza del de al lado. Ahora solo me queda asumir con serenidad mi nueva condición e intentar que no me afecte demasiado. C´est la vie, le he dicho a mi madre cuando me ha mirado con disgusto. En definitiva me he sentido bien, algo confuso pero ligero, despejado, como García Madero en Los detectives salvajes con todo el día por delante al amanecer después de desvirgarse con María en aquella cama a oscuras:

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Las horas

“Déjeme que le diga una cosa: conocerle a usted me ha desilusionado completamente”.

Años inolvidables, John Dos Passos.

Ayer se me paró el reloj a las 18:23. Bueno, hace ya unos días. Y así va a seguir, siempre, marcando las 18:23. Por eso lo he dejado colgando de una balda de mi cuarto y vuelvo a no saber la hora (siempre me quedará mirar el móvil), lo cual resulta desde aquí todo ventajas. Igual que al enfrentarse cara a cara al calendario, cuando uno mira atrás no quiere datos tan concretos, al menos yo. Quiero anécdotas, no latitudes; quiero saber qué espada y en qué forma atravesó tal armadura, o el nombre y el bigote del autor de aquel relato, no me interesa que lo firmase justo al dar los buenos días.

Hace solo dos noches que volví de Tailandia y tengo confundido el sueño. No sé si es el jet lag o son las 18:23, pero ya escribiré con reposo de aquello. Luego, si no, se me atraganta todo.

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