Muerde y besa

por Antonio Mérida Ordás

Ellos se entrematan solos.

Max Aub

Hay varios tipos de in crescendo que empiezan en estropicio, en nada, y con un arreglo simple terminan en una ovación de aplausos. Uno de los mejores que recuerdo es cuando, en Los detectives salvajes de Bolaño, Arturo Belano tiene un gatillazo de esos de campeonato, y entonces la chica tumbada a su lado empieza a redirigir la conversación, y así, poco a poco, van repasando los títulos por género del Marqués de Sade que han leído. Sin reparar en lo sexual, ajenos a todo, abrazados entre sí en un cuarto de humo, piel, literatura. Entonces ella le sugiere mientras charlan, en plena noche, que comience a darle pequeños azotes en el trasero, Tac, Tac, que irán creciendo a medida que avanza la conversación, Tac, Tac, Tac, hasta terminar en una excitación mutua que de forma irremediable los arrastra a terminar haciendo el amor mientras los primeros rayos de sol se cuelan por la ventana. (…) Sigue en Frontera D

 

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